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Trump unge a Abascal como santo doble

Sitio web oficial de La Casa Blanca, whitehouse.gov es también grande, una de las páginas web oficiales más visitadas de Estados Unidos y del mundo. Pero desde hace unas semanas, ha empequeñecido. Nada más llegar por segunda vez a la Casa Blanca, Donald Trump ordenó cerrar la versión en español tanto de la página oficial como de sus redes sociales. Quien vaya ahora a whitehouse.gov/es/ se encontrará con un contundente “404. Página no encontrada”. Los 43,4 millones de estadounidenses — el 13,7% de la población de Estados Unidos de 5 años o más — que hablan español en casa se han quedado sin este servicio público.

Nuestra derecha patriotera y españolista, que sostiene que el español está rodeado de innumerables peligros en los territorios donde hay otra lengua cooficial y que creó en Madrid una Oficina del Español para protegerlo no se sabe muy bien de qué amenazas, le ha criticado a Donald Trump su cerrojazo al español tanto como los aranceles que le ha puesto a nuestros productos. Nada. Absolutamente nada. Y es raro que no le hayan echado la culpa a Pedro Sánchez.

El pasado sábado, Santiago Abascal desperdició una ocasión de oro para lucirse y apuntarse un tanto doblemente españolista, de España y del español. 

El líder de Vox asistía en Washington a la llamada Conferencia de Acción Pública Conservadora, con la que Trump celebraba “los éxitos” de sus primeros días de Gobierno. Probablemente estaba en aquel acto a punto Abascal de hacerlo, de decirle al presidente de Estados Unidos que lo del cerrojazo al español no era un éxito, pero quizás lo despistó Donald Trump cuando se dirigió a él desde la tribuna con un doble error lingüístico: “Santiago Obescal. Gracias, Sandiego”, dijo, literal. Puesto a corregir al emperador su nombre, su apellido o el cierre del sitio web de la Casa Blanca en español, Abascal no lo hizo con ninguna de las tres cosas, y agradeció la mención con una ligera reverencia, una amplia sonrisa y llevándose la mano al pecho. De corazón, vamos.

Bien pensado, lo de Obescal por Abascal tiene disculpa, y lo de “Sandiego” también. 

Como fonemas vocálicos, /o/ y /a/ los generamos de un modo muy similar. En el primero, abrimos la boca bastante y ponemos la lengua en la parte posterior de la cavidad bucal y en una posición media. En la segunda, abrimos mucho la boca, y bajamos la lengua en la parte central de la cavidad bucal. Algunos niños los confunden, y ya sabemos que Trump tiene algo de niño. 

Diego (156.348 hay en España, según el INE), Yago (9.465), Iago (8.628), Jacobo (9.788) y Tiago (2.192) son nombres propios con un origen común, el hebreo Yaakov. Y Santiago (109.416), un derivado curioso: en la Biblia, el apóstol se llama Ιάκωβος, Jacobos. Es después, y especialmente en la Edad Media, al añadírsele el apócope san, de santo, cuando se convierte en Santiago. 

Sí, como lo oyes. Abascal ya lleva la santidad incorporada a su nombre de pila. Ungido ahora por Trump como Sandiego, lo ha convertido en un santo doble. ¡Como para protestarle al emperador por haber erradicado el español de la página web de La Casa Blanca!

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