En esta ofensiva Israel ha matado a casi 300 niños y mujeres en una sola noche, ha asesinado a un periodista amenazado previamente y mantiene el bloqueo, lo que obliga a mucha gente a ingerir comida para mascotas
Gaza, bajo las bombas y sin suministros básicos: “Nos preparamos para lo peor”
El Ejército israelí sigue violando el acuerdo de alto el fuego en Gaza, con nuevos ataques contra civiles. Hace unos días mató en una sola noche a 300 niños, niñas y mujeres en Gaza.
Lo cuenta el diario israelí Haaretz en su portada este fin de semana, con fotografías de varias víctimas. Desde el inicio de esta nueva ofensiva militar, hace menos de quince días, las fuerzas de Israel han matado a 921 personas y herido a más de 2.000.
Entre las víctimas mortales hay periodistas, personal sanitario, varios paramédicos, cinco trabajadores de la agencia de Naciones Unidas UNRWA -ya son 284 los empleados muertos en Gaza- y un voluntario de la ONG World Central Kitchen. Las bombas israelíes han destrozado o dañado más edificios de viviendas, tiendas de campaña en campos de refugiados, escuelas y centros de salud, incluido el hospital turco, el único que atendía a enfermos de cáncer.
Desde principios de marzo Israel bloquea, otra vez, la entrada de ayuda humanitaria a la Franja de Gaza, lo que está provocando enfermedades, desnutrición y hambre. “Volvemos a tener que ingerir comida para gatos y perros”, me relataba ayer, por vía telefónica, una mujer con cuatro hijas pequeñas. “No puedo creer que coma comida para mascotas por tercera vez…”, ha escrito el joven Abubaker Abed.
La periodista Bisan Owda, desde Gaza, se preguntaba esta semana cómo se puede vivir en un mundo “en el que parece que sea legal, normal, esté bien y no haya nada que hacer” ante el hecho de que “un niño de cuatro años de edad, que lo único que conoce es genocidio, tenga que recolectar los trozos del cuerpo de su mamá y meterlos en una bolsa de plástico después de que un ataque israelí la haya matado”.
Volvemos a tener que ingerir comida para gatos y perros, cuenta una mujer desde Gaza
En Cisjordania el Ejército israelí prosigue con sus ataques y extiende su ocupación ilegal, con operaciones militares que han provocado el desplazamiento forzado de más de 40.000 personas desde enero. Colonos israelíes continúan atacando a civiles palestinos en varias localidades, incluida Masafer Yatta, donde esta semana agredieron a Hamdan Ballal, codirector del documental No Other Land, ganador del Óscar este año.
Haber recogido la estatuilla en Hollywood no le salvó de la violencia institucionalizada. Cuando se encontraba en una ambulancia para ser trasladado al hospital, varios soldados israelíes detuvieron el vehículo, arrestaron Ballal y lo mantuvieron horas en una prisión, donde volvió a recibir golpes y maltrato.

Hay fotos de familias enteras y de grupos de reporteros y reporteras de los que solo quedan vivos uno o ninguno
Entre las víctimas de la violencia militar israelí de esta semana hay dos periodistas: Hossam Shabat y Mohamed Mansour. Durante diecisiete meses ininterrumpidos Hossam Shabat, colaborador de Al Jazeera Mubasher y Drop Site, mostró el genocidio y proporcionó documentación muy útil, arriesgando su vida. Fue uno de los pocos reporteros que permaneció en el norte de Gaza en los meses más duros. Tuvo que informar de crímenes contra la población civil, del asesinato de varios compañeros y de la pérdida de numerosos amigos y familiares.
En octubre, el Ejército israelí lo incluyó en una lista negra y comenzó a enviarle mensajes de texto con amenazas. A pesar del peligro, siguió trabajando. “No me va a afectar, estoy listo para seguir buscando la información”, dijo entonces.
Su última publicación en Instagram, fechada el pasado martes 25 de marzo, mostraba el cadáver del reportero Mohammed Mansour, y un texto: “Otro periodista asesinado”. Una hora después, las fuerzas israelíes dispararon contra Hossam cuando conducía su coche. Su asesinato fue una crónica anunciada y, sin embargo, no evitada.

El asesinato del periodista Hossam Shabat esta semana fue una crónica anunciada: el Ejército israelí le enviaba mensajes con amenazas
“Fue asesinado de forma deliberada, el Ejército israelí lo ha admitido, acusándole de terrorista y lanzando un mensaje: 'No dejes que la vestimenta de prensa te engañe'”, ha denunciado, desde Nueva York, el periodista estadounidense Sharif Abdel Kouddous, quien ha defendido la profesionalidad de Hossam Shabat.
Más de doscientos periodistas palestinos han muerto en Gaza desde el inicio de los ataques israelíes contra la Franja en octubre de 2023. Hay fotografías de grupos de reporteros y reporteras de los que solo quedan vivos uno o dos. El propio Hossam guardaba una imagen de él con sus dos grandes amigos, los jóvenes periodistas Hassan Hamad e Ismael al-Ghoul, muertos en julio y octubre por dos ataques israelíes. “Os prometo, amigos, que todavía llevo la antorcha”, escribió entonces.
Al igual que la reportera Shireen Abu Akleh, asesinada por un ataque israelí en Cisjordania en 2022, Hossam Shabat y muchos otros periodistas de Gaza ejercieron su oficio con una responsabilidad que no les ha sido correspondida desde una parte importante de prensa internacional. No ha habido grandes denuncias y sí mucha complicidad a través de titulares y enfoques que contribuyen a mantener la sospecha y a justificar el asesinato y las masacres de civiles.

La relatora de la ONU ha criticado a la alta representante de la UE por mostrar apoyo al ministro israelí “mientras los líderes israelíes instan abiertamente a la limpieza étnica”
La criminalización y la deshumanización contra la población palestina ha calado hondo en muchos espacios de poder europeos, en los que se censura, persigue o estigmatiza la defensa de los derechos palestinos. Como ya advirtió hace casi un año la relatora de la ONU, Irene Khan, “la crisis Gaza se está convirtiendo en una crisis global para la libertad de expresión” que puede tener “graves repercusiones durante mucho tiempo”.
Tras 50.300 muertos en Gaza y un número indeterminado de desaparecidos, el genocidio continúa. A pesar de ello, la Alta Representante de la Unión Europea, Kaja Kallas, ha vuelto a mostrar su solidaridad con Israel, en un encuentro mantenido esta semana con el ministro de Exteriores israelí, Gideon Sa'ar. “Está claro que somos muy buenos socios, Israel es un socio comercial muy relevante para la UE”, ha indicado.
La relatora de la ONU para Palestina, Francesca Albanese, ha calificado la posición de Kallas como “un punto bajo impactante para la UE”, por emplear expresiones como “ambos bandos” o “nueva guerra” y por ofrecer su apoyo al ministro Gideon Sa'ar “mientras los líderes israelíes instan abiertamente a la limpieza étnica”.

La deshumanización contra la población palestina ha calado hondo en muchos espacios de poder europeos
Sin el trabajo de los periodistas de la Franja no conoceríamos buena parte de lo que allí ocurre y, por tanto, no se habrían podido descifrar la complicidad y los dobles raseros de la comunidad internacional occidental. Sin embargo, no se les presta la atención precisa, no obtienen reconocimiento ni protección de las instituciones europeas, solo indiferencia o desprecio.
De los reporteros que aparecen en las fotografías de Hossam solo queda vivo uno: Anas Al-Sharif. “¿Por qué debería tener miedo a la muerte?”, ha escrito este fin de semana, en sus redes sociales. Al igual que él, las periodistas Hind Khoudary, Bisan Owda o Bayan Abusultan continúan trabajando y enviando información desde Gaza, a pesar de los enormes riesgos. Todas las miradas deberían estar depositadas en ellos, todos los gobiernos deberían movilizarse para exigir garantías a Israel de que respetará sus vidas.
“Nos dirigimos hacia un punto en el que será más fácil contar cuántos periodistas están aún vivos en Gaza, en vez de contar cuántos fueron asesinados por Israel en esta agresión interminable”, ha denunciado la reportera Bayan Abusultan desde la Franja.
Hossam Shabat valoraba su profesión, el ejercicio de relatar lo que ocurre. Como él, los periodistas que aún siguen vivos sopesan los pros y los contras a diario y deciden que hay algo peor que arriesgar su vida: callar, no mirar, no contar, aceptar la oscuridad informativa, rendirse.
Quizá algún día sus muertes, como las de decenas de miles de civiles más, sean investigadas en los tribunales internacionales. Quizá alguien cuente sus historias en una gran película. O no. Puede que, como tantas otras impunidades que definen nuestra actualidad, caigan en el olvido. En ese caso, esta Europa que no se mira al espejo seguirá sin entender nada, absolutamente nada.