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Diego Borja, candidato a vicepresidente de Ecuador: "Es indispensable que la izquierda tenga proyección internacional"

Diego Borja, candidato a vicepresidente de Ecuador:

La pareja de Luisa González en las elecciones ecuatorianas reivindica la "potencia histórica" de la figura de Rafael Correa y defiende la lucha contra la corrupción como paso necesario para reducir la inseguridad en el país

El derechista Noboa y la correísta González se disputarán la presidencia de Ecuador tras una ajustada primera vuelta

El candidato a vicepresidente de Ecuador, Diego Borja (Quito, 1964) fue arquitecto económico de los primeros gobiernos de Rafael Correa y presume de que el PIB se triplicó entre 2007 y 2017.

Sin embargo, Borja acabó alejándose de Correa por entender que el proyecto había perdido contacto con las bases. La ofensiva anticorreísta desatada en el país a partir de la “traición” de Lenín Moreno ayudó a relativizar las diferencias. Borja ha regresado a la primera línea política como candidato a vicepresidente de Luisa González, que el próximo domingo tiene posibilidades de derrotar a Daniel Noboa y llevar de nuevo a la izquierda al poder.

El candidato defiende un programa keynesiano y de lucha contra la corrupción que ponga coto a la descontrolada inseguridad que atenaza al país y anima a la izquierda a plantar cara a la internacional derechista en el escenario global. La entrevista se celebra en marzo en un mercado madrileño con amplia presencia de negocios ecuatorianos, unos días después de una cruenta jornada criminal en las calles de Guayaquil, segunda ciudad del país.

Este fin de semana tuvimos un acontecimiento problemático.

Dramático.

Con 22 personas fallecidas en Guayaquil. Le quería preguntar por la sensación de inseguridad del país. ¿Cómo se ha llegado a esta situación y cómo se puede corregir?

La situación de inseguridad es realmente dramática, porque ha sobrepasado todos los límites. Estamos con unos índices de inseguridad nunca antes vistos, el Ecuador está albergando en este momento a la ciudad más peligrosa del mundo, que es Durán, y a cinco ciudades de las más peligrosas de América. Tenemos unos índices de homicidios multiplicados por 10 con respecto al año 2017, unos niveles de extorsiones inimaginables, de 800 extorsiones por año en 2018 a 22.000 el año pasado. Son desequilibrios sociales completos, y esto se debe a una absoluta pérdida de institucionalidad en el Ecuador, en todos los sentidos, pero básicamente de la seguridad y de la justicia. Y eso ha provocado una penetración enorme del crimen organizado y una incapacidad del Gobierno y del Estado para contenerlo, para reprimirlo y para extirparlo.

Y eso, por supuesto, a quien más impacta es a la ciudadanía, que ha visto alterada completamente la vida social por los niveles de violencia, que el Ecuador hace apenas siete años no los tenía. Ese es el cuadro que tenemos en este momento y en ese contexto se da este nuevo episodio de 22 muertos en una sola tarde en un barrio de Guayaquil.

¿Y cómo se revierte?

Esto es bastante complejo de revertir. Nosotros hemos propuesto un plan de enfrentamiento de la delincuencia y de vuelta a la calma, que incluye al menos cinco grandes pilares. El primero es el uso de la fuerza pública, en el marco de la ley y del derecho, pero acompañado con otros que no hay ahora, que es la inteligencia criminal, que es aquella que se adelanta al crimen con el uso de tecnología que está a disposición, pero que no se usa; la inteligencia financiera, porque es un país dolarizado muy proclive al lavado [de dinero], y que hoy día muestra que las bandas criminales tienen más capacidad financiera que el Estado; la inversión social para evitar que el crimen coopte a nuestros jóvenes, sobre todo en educación, salud, seguridad, deporte, cultura, empleo. Y la colaboración internacional, en este último aspecto no bases militares, no fuerzas extranjeras, pero sí colaboración, porque el fenómeno criminal es un fenómeno regional.

Si esas opciones eran tan evidentes, ¿por qué no se abordaron de una forma más clara ya en estos últimos mandatos?

Yo creo que por varias razones. La primera es porque hay un concepto de que el Estado no debe intervenir en la sociedad, hay un retiro del gobierno y del Estado por una doctrina ortodoxa de disminución de la inversión y del gasto público y, eso es evidente, una policía que ni siquiera tiene el mínimo equipamiento para enfrentarse a la inseguridad.

Un segundo hecho es la corrupción. Tenemos un gobierno que acaba de hacer una compra masiva de chalecos antibalas que no sirven para nada. Que no están en este momento ni siquiera siendo capaces de resistir un mínimo de capacidad de fuego del otro lado. Y tercero, porque hay vínculos específicos entre personajes, espacios gubernamentales y estatales con el crimen organizado.

¿Cómo cuáles?

Hay ámbitos de la policía tomados por el crimen y eso es grave, porque no se ha hecho ninguna acción institucional para evitarlo. Hay formas de hacerlo. Lo que podríamos llamar limpiezas de espacios importantes que no se utilizan, que antes los teníamos, por ejemplo, el uso del polígrafo para los servidores policiales, las declaraciones patrimoniales juramentadas, para ver si es que coinciden los niveles de riqueza de ciertos servidores con sus ingresos...

Hay, además, una crisis económica también vinculada con una crisis energética, con los episodios de los apagones que sucedieron el año pasado ¿Usted cree que todo está relacionado?

Son cosas que al final se relacionan, pero que tienen también explicaciones distintas. El asunto de la crisis económica es bárbaro. El Ecuador terminó el año 2024 con un decrecimiento creo que del orden del 3% a 3,5%, donde el efecto más grave es el desempleo o el empleo inadecuado, en términos económicos. A eso añádale la crisis energética, una virtual incapacidad para generar la energía necesaria. En los últimos años no se ha hecho ninguna sola inversión en nueva generación y eso ha provocado que con un estiaje que era advertido, además, tengamos apagones de hasta 18 horas.

Mencionaba la dolarización, pero no está en contra de revertirla.

La dolarización es un esquema que funciona. Permite la planificación de inversiones y la sostenibilidad en el consumo con poca inflación. No está en entredicho, además de que, financieramente hablando, el Ecuador tiene en este momento salud financiera, de manera que no habría razón alguna para cambiar el sistema monetario.

Usted formó parte de los primeros gobiernos de Rafael Correa, después tuvieron algún desencuentro y últimamente se han vuelto a reencontrar. De aquella primera experiencia, ¿cuáles considera que fueron los aciertos y los errores o qué enseñanzas ha sacado? Si accede al gobierno nuevamente, ¿qué puede hacer distinto o qué repetiría?

Hay cosas muy importantes que se hicieron que podrían ser una guía para el futuro. Por ejemplo, el haber triplicado el Producto Interno Bruto entre el 2007 y el 2017 es un gran logro. Probablemente, único a nivel latinoamericano. El haber ampliado enormemente la capacidad productiva, el capital social, infraestructura, riego, energía, etcétera, es importante. El haber logrado avances en los servicios sociales, de educación, salud, sobre todo, es muy importante. Evidentemente, hay algunos errores. A mi juicio, han sido más en el ámbito político. Concretamente, el no haber configurado un partido que pueda sostener al proyecto político con toda la fuerza cuando no se es gobierno. Y eso se dio con claridad luego de la traición de Lenín Moreno, no solamente al partido político que le llevó al gobierno, sino al Ecuador entero, porque él ganó con un programa progresista y gobernó con un programa neoliberal.

Las acusaciones de traición a una persona que formaba parte de una coalición pueden llamar la atención, pero así la califican, en todos los términos.

Es una traición en el sentido de que ganó con un programa político progresista, un programa democrático, un programa de redistribución social, un programa de soberanía, y gobernó con un programa contrario a toda esa propuesta progresista. Gobernó con un programa de contracción de la inversión pública, de contracción del gasto público, de pérdida completa de esa política internacional que el Ecuador tenía por historia, que era una política internacional de autodeterminación de los pueblos, de resolución pacífica de los conflictos y de integración regional. De hecho, se destruyó incluso en la sede de la integración latinoamericana, que está en el Ecuador, de Unasur [Unión de Naciones Suramericanas].

Diego Borja, candidato a la vicepresidencia de Ecuador, durante la entrevista concedida a elDiario.es en un mercado madrileño. Diego Borja, candidato a la vicepresidencia de Ecuador, durante la entrevista concedida a elDiario.es en un mercado madrileño.

Si vuelven al gobierno, ¿cree que la presidencia de Donald Trump les puede perjudicar como formación que se encuentra en las coordenadas de la izquierda, que haya un interés de perjudicarlos activo?

En principio estamos sufriendo los defectos de la política del Gobierno de Trump en el ámbito migratorio. Ha sido una expulsión muy violenta de los migrantes ecuatorianos, que llegan encadenados, esposados en aviones de Estados Unidos. Eso es humillante y hemos dicho que en cuanto seamos gobierno vamos a exigir un respeto, respetando nosotros su política migratoria, para que la expulsión sea en condiciones de dignidad. Y claro, el efecto Trump genera también un efecto latinoamericano que tiene distintas aristas. Una de esas es esta suerte de derechización del sentido común latinoamericano, pero también estamos a la expectativa, porque es un gobierno muy pragmático. Por ejemplo, Trump ha inmediatamente negociado con Venezuela condiciones para ellos de importancia sin fijarse en la línea ideológica.

Entonces no cree que pueda haber un ataque por el hecho de ser considerado un gobierno de izquierda.

No por esa razón, más bien por la política que tiene el gobierno norteamericano. Mire, en este momento pretende volver a tener control sobre el canal de Panamá; genera ahí un conflicto con el gobierno mexicano por la producción, supuestamente, del fentanilo, cuando ellos deberían controlar el mercado de consumo más grande, que es el mercado norteamericano. Es decir, no creo que sea básicamente por la ideología, sino por ciertos componentes de la política norteamericana.

Hay analistas que señalan que puede ser el fin de la globalización neoliberal de los últimos años. Un regreso a un mercantilismo casi más decimonónico o de principios del siglo XX. ¿Cómo entronca eso con un modelo como el ecuatoriano que ustedes propugnan, que es de intervención estatal? No sé si se le podría llamar keynesiano.

Es un modelo keynesiano, claramente. Es un modelo de expansión de la inversión pública, de expansión del gasto público y con el fin de lograr mayor consumo, que es uno de los componentes básicos del crecimiento de la economía en el Ecuador y en otros países del mundo. Por supuesto que sí, pero no hay, digamos, contradicción en ese sentido entre la política que llevaría adelante un gobierno con una visión keynesiana de la economía, con la política internacional que está llevando adelante el gobierno norteamericano que, independientemente de cuál sea, es, como digo, bastante pragmática desde sus objetivos.

La figura de Correa sigue generando mucha polarización en el país. ¿A qué creen que es debido? ¿A la larga les va a beneficiar electoralmente o a perjudicar?

La figura de Correa es una figura muy potente, es un líder de un carácter histórico. Pocas veces se ven líderes de esa magnitud, y lo que él genera es una presencia que define la política. Por un lado, de la gente que le quiere, y por el otro, de la gente que no le quiere. Es una fuerza de liderazgo muy grande, que [al partido] Revolución Ciudadana le da lo suyo. O sea, le ha permitido tener una base muy alta desde la cual partir incluso en términos electorales. Y por supuesto que es una figura polémica, pero es precisamente en esa polémica donde hay que crecer, viendo los pesos reales. Los últimos gobiernos no han podido resolver temas de seguridad, temas de empleo, temas de energía, temas de servicios básicos y eso muestra que, más allá del discurso anticorreísta, hay un peso de una realidad que no se compadece con el enfrentamiento a Correa. O sea, si quieren enfrentar a Correa deberían haber sido mejores gobiernos, cosa que no han sido.

Usted es partidario de una nueva asamblea constituyente para Ecuador.

Yo creo que hay muchos ámbitos de la institucionalidad que están destruidos, y que es muy difícil resolverlos sin una constituyente. Le pongo un ejemplo: la Justicia en el Ecuador realmente está podrida; una fiscalía que no ha servido sino para la persecución y no para mejorar las condiciones de seguridad. Eso no se puede resolver desde el Ejecutivo, porque eso sí sería una intromisión de un poder sobre otro. Entonces, ese tipo de cuestiones que afectan la vida diaria tienen que resolverse desde otros ámbitos, como por ejemplo una asamblea constituyente.

Yo se lo pregunto desde la perspectiva europea, porque aquí siempre tendemos a pensar que la Constitución tiene vocación de permanencia, entonces, si cada 20 o 25 años tenemos una nueva, eso también puede quizá dañar el propio sentido de institucionalidad de los ciudadanos. No sé cómo se ve desde su perspectiva.

En el caso nuestro, la Constitución tiene dos grandes componentes. El ámbito de derechos, que es un ámbito en el cual no podemos tener regresión. Pero hay todo un tema funcional que sí implica modificaciones constitucionales. Por ejemplo, el papel que puede tener la vicepresidencia, la forma como está estructurada la justicia, el propio sistema de regulación y control son los aspectos funcionales de la Constitución, que sí se modifican conforme se modifican los tiempos.

Ahora está usted en precampaña por la diáspora. ¿Cree que puede ser determinante el voto de la gente que está en Estados Unidos o en Europa?

Es muy importante, no es menor. Pero más allá incluso de la cantidad de votantes, lo es el abandono en el cual están los migrantes en el extranjero. Tanto en Europa como en los Estados Unidos. Los sistemas de servicio consular no sirven. Es dramático como no tienen ningún tipo de apoyo ni administrativo, ni legal, ni psicológico, que antes lo tenían. Ni económico, ni de ningún tipo. Entonces, el asunto es decirles que así como estamos proponiendo recuperar gobierno para el territorio nacional, también queremos recuperar gobierno para el territorio en el extranjero, donde los migrantes son los principales o beneficiarios, o como vemos ahora, abandonados del sistema.

Hay empresarios, por ejemplo aquí en España, que a lo mejor quisieran volver, pero por las circunstancias de seguridad allá no se lo plantean.

Tuvimos un plan de retorno a migrantes en el gobierno del presidente Correa que fue exitoso. Pero hoy día, antes de plantearnos el retorno, [se trata] de arreglar la situación interna de seguridad, de economía, de servicios, para poder hacer del Ecuador otra vez un país atractivo, incluso para las personas que se fueron en su momento.

Ha tenido reuniones con políticos del PSOE o Podemos, está intentando reverdecer esas alianzas internacionales.

Sí, y nosotros creemos que, así como la derecha, en este momento, se ha proyectado como una derecha internacional, es indispensable que la izquierda también lo haga, porque muchos de los valores de la izquierda están hoy día con carencia en el momento de hacerlos públicos. La gente tiene mucha información desde un lado, pero no desde el otro. Y esa necesidad de tener una visión internacionalista, desde la postura democrática, progresista, creo que es también importante.

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