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Antony Beevor: "Putin transforma los principios de la URSS en un sistema que llamaríamos gánster-capitalista"

Su reputación por la minuciosidad le ha granjeado un rango casi legendario entre sus colegas de profesión, además de una legión de lectores atraídos por su capacidad de ofrecer relatos pormenorizados de conflictos bélicos a lo largo y ancho de Europa en los últimos cien años.

“No soy futurólogo”, repite Beevor casi como si fuera un mantra disfrazado de advertencia a cualquier periodista que pretenda entablar una conversación con él. El británico se cita con elDiario.es en la terraza de un hotel barcelonés en un día soleado. Ha acudido al festival Documenta para hablar del estado del mundo con la perspectiva de alguien que ha pasado su vida estudiando el pasado y que ve el presente con un sentimiento a medio camino entre la incredulidad y el miedo.

Si alguien le preguntara qué es la historia, ¿qué le contestaría?

Le contestaría lo que no es: la historia no es un mecanismo de predicción, sino una manera de entender el pasado.

¿Cómo analizaría la situación actual desde el punto de vista de un experto en historia militar?

Bueno, la idea de que el presidente de Estados Unidos pueda, de repente, confiar en alguien como Putin, un ex operativo de élite de la KGB, y cambiar o tratar de cambiar toda la estrategia de Occidente, hubiera resultado absolutamente imposible de imaginar hace años. Nadie hubiera sido capaz de dibujar un paisaje similar ni imaginar que llegaríamos aquí. Ahora bien, si me estás pidiendo algún tipo de predicción, no puedo adivinar nada.

Déjeme entonces preguntarle si hay alguna lección que podamos aprender del pasado.

Hay un montón de lecciones que no hemos aprendido. Ya decía Otto von Bismarck que si hay algo que aprender de la historia es que no podemos aprender nada de la historia. Si miramos al S.XX y tratamos de diseccionarlo, nos daremos cuenta de que la gran catástrofe fue la Primera Guerra Mundial, pero que la guerra civil en Rusia fue incluso más determinante e influyente.

Allí vimos un nivel de destrucción y unas hambrunas sin precedentes, a lo que siguió la Guerra Civil, con aquella España de Largo Caballero y Calvo Sotelo en ambos extremos del espectro político y esa especie de círculo vicioso que conduciría después a la Segunda Guerra Mundial y a la polarización comunismo-capitalismo.

Con Putin, sin embargo, vemos una transformación de los antiguos principios de la Unión Soviética a un sistema que podemos denominar como hipercapitalista o gánster-capitalista que transforma esa polarización interior en una lucha entre el autoritarismo y la democracia. Y es entonces cuando surge Trump, que es un hombre que no tiene ningún interés en la ideología y al que solo le interesa el poder. 

Estamos en una época terrible que nos trae un salvoconducto para los más ricos, que pueden hacer lo que les dé la gana, y la humillación de los más débiles

¿Y hacia dónde cree que nos dirigimos?

Bueno, no estamos hablando solo de un cambio político y económico. Estamos hablando de un cambio social y moral, así que estamos en una época terrible que nos trae un salvoconducto para los más ricos, que pueden hacer lo que les dé la gana, y la humillación de los más débiles, sin cortapisas.

Ya sé que no es futurólogo, pero ha mencionado a Donald Trump. ¿Vio usted venir lo de su segundo mandato?

Sí, imaginé que Trump ganaría. Los demócratas estaban demasiado enredados en lo que ahora llamamos políticas woke, lo que retrata, en realidad, una gran crisis del progresismo. El problema es que la izquierda liberal pensó que podía impulsar una amplia agenda de cambios socioculturales y que todo sería aceptado y procesado sin problemas.

Pero en ningún caso se plantearon algo que ya sucedió en los años 20 y 30 del siglo pasado: la sociedad solo puede aceptar un número limitado de cambios antes de iniciar una reacción furiosa a esos cambios y esto es lo que está pasando en estos momentos. El problema es que ahora nos encontramos yendo en la dirección contraria y lo hacemos a toda velocidad.

El historiador Antony Beevor, durante la entrevista El historiador Antony Beevor, durante la entrevista

¿Alguna vez se pregunta cómo hemos llegado hasta aquí? Y, si es así, ¿tiene alguna respuesta?

Hay muchos factores distintos, pero diría que todo empieza en los 90 y tiene que ver con el orden liberal global y la frustración que provoca. Tenemos que entender que, en esa época, pasaron muchísimas cosas: desde la caída del comunismo a la consolidación de Internet y, sobre todo, la llegada de la globalización. La globalización es algo que ha cabreado a mucha gente y, en cierto modo, es razonable que así sea.

De repente, uno se da cuenta de que no tiene ningún tipo de control sobre su vida, porque ya sea Bezos, Amazon, o cualquier otra multinacional, pueden recurrir a la mano de obra más barata, o llevarse a las mentes más brillantes, o hacer lo que les dé la gana. Al mismo tiempo, las naciones ya no tienen control sobre sí mismas, los políticos ya no están al mando de su país o de su política y el rol de los medios de comunicación ha dado un giro de casi 180 grados.

Tim Berners-Lee [considerado el fundador de la World Wide Web] me dijo una vez que estaba devastado por el rol de Internet en el mundo actual y por cómo las redes sociales y su uso de los algoritmos habían convertido el universo on-line en un lugar lleno de odio y rabia en el que las personas cargan contra otras en una atmósfera completamente tóxica.

Pero incluso esa toxicidad es algo que muchos han sabido usar como arma…

Por supuesto, esa toxicidad es algo que muchos aprovechan. Trump, sin ir más lejos, ha sido extremadamente hábil a la hora de usar toda esa frustración y canalizarla en su beneficio. Algunos encuentran en esas emociones la gasolina para misiones horrendas. Por ejemplo, en mi país, el Reino Unido. Cuando se hizo la campaña del Brexit se inventaron un eslogan brillante, Take back control [Retoma el control]. Es un eslogan extraordinario. Totalmente falso, por supuesto, pero brillante.

Me sorprende que alguien tan brillante y exitoso como Elon Musk pueda ser al mismo tiempo tan estúpido e incompetente

Aprovechando la reflexión sobre las redes sociales, ¿qué opina de Elon Musk?

Pues que me sorprende que alguien tan brillante y exitoso pueda ser al mismo tiempo tan estúpido e incompetente. Es un hombre que tiene un cerebro muy singular, pero eso de ningún modo quiere decir que tenga conocimiento o información alguna de cómo funciona la humanidad.

¿Qué cara se le quedó cuando le vio haciendo lo que parecía ser el saludo nazi en televisión?

Que deberíamos tener mucho cuidado con determinadas suposiciones. Uno debe de tener mucho cuidado a la hora de usar la palabra, ‘nazi’. Creo no se está usando esa comparación como se debería y en muchas ocasiones se utiliza de forma sibilina. No hay que usarla así: la Segunda Guerra Mundial fue una guerra que no se pareció a ninguna otra y tratar de aplicar determinados lugares comunes a figuras o acciones del presente es totalmente erróneo.

Cuando en Estados Unidos llamaban nazi a Saddam Hussein no sabían, o no querían saberlo, que Saddam se parecía mucho más a Stalin que a Hitler [sonríe]. Hay todo un abanico de ejemplos, gente tratando de sonar como Churchill o Roosevelt a la hora de adjudicar adjetivos sin entender la naturaleza del sujeto al que se refieren. Y entiendo perfectamente el atractivo de ese concepto: la idea de volver constantemente a los nazis, el famoso reductio ad hitlerum [reducción al absurdo] es de una simplicidad alarmante, pero al mismo tiempo es absolutamente funcional.

Dijo usted en una ocasión que, para entender cualquier conflicto desde un punto de vista puramente histórico, hay que dejar que pase medio siglo. 

Bueno, creo que hay un montón de elementos a tener en cuenta a la hora de analizar algo y que es muy complejo hacerlo sin la perspectiva que da el tiempo. Antes mencionaba los 90 y todos esos cambios que se produjeron en aquel momento y si estaban de algún modo conectados con el presente y entre ellos. Han pasado casi 40 años y sigo sin saberlo.

Es cristalino que Putin está en guerra con Occidente, por eso es sorprendente que Trump crea que Putin es su amigo

Señor Beevor, ¿considera usted que estamos en guerra?

Sí, estamos en guerra. Putin ha ordenado sabotajes a gran escala en el mar, bajo el mar, a fábricas, ha habido asesinatos, intentos de asesinato: es cristalino que Putin está en guerra con Occidente, por eso es sorprendente que Trump crea que Putin es su amigo. Es tan absurdo como cuando Roosevelt pensó que Stalin podría ser su amigo: Stalin no tenía amigos [risas].

¿Qué opina de aquellos que afirman que Trump es un agente de la KGB o que está siendo chantajeado por el Kremlin?

En cuanto a Trump, a lo que se dice y demás, no hay dudas de que en los 90 sus negocios en Rusia y algunas de las cosas que se dicen de esos mismos negocios son absolutamente ciertas. De las historias con prostitutas y demás rumores, no tengo ni idea de qué hay de verdad en ello, pero lo que sí tengo claro es que es bastante inquietante ver a alguien con ese nivel de sumisión.

Parece que vivimos en un mundo en el que la palabra, ‘verdad’, ha quedado completamente difuminada.

Sí, pero eso no es algo nuevo. No podemos olvidar aquello que decían los soviéticos de la verdad objetiva. Lo negro puede ser blanco si sirve a los objetivos de un partido determinado. Es cierto que ahora existe una obsesión por socavar la verdad y que la gente no tiene ningún respeto por ella. La honestidad intelectual ha dado paso al atropello moral y ahora muchos creen que tienen derecho a alterar la verdad si ésta no les conviene. Por supuesto, y dadas las propiedades multiplicadoras de las redes sociales, los efectos de esta política son una hecatombe.

¿Tiene usted esperanza?

[Sonríe] Muy poca, pero me encantaría que pudieras decirme algo que me hiciera cambiar de opinión.

¿Siempre puede ser peor?

Hay un viejo chiste judío en el que un pesimista dice, “no podría ser peor” y otro tipo le replica: “¡siempre puede ser peor!” [risas].

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