Fundamentalmente fantasías para la resistencia es una comedia. Y no lo es. Alfredo Sanzol lo intenta todo en este montaje. Renovar la comedia más popular y viejuna del teatro patrio, posicionarse ante el complejo conflicto bélico entre Rusia y Ucrania, esclarecer las concomitancias entre la tragedia y la comedia, e incluso darle una nueva vuelta de tuerca a Pirandello para hacer avanzar la metateatralidad contemporánea. Demasiadas cosas. Al final, queda una comedia de más de dos horas y media desequilibrada que, además, en ciertos momentos de pretendido gamberrismo teatral, cae en exceso en lo burdo y la brocha gorda.