A toro pasado el análisis siempre es más fácil. A estas alturas, constatar que el régimen nazi fue una barbaridad y que Adolf Hitler y sus secuaces eran unos monstruos es una perogrullada. Sin embargo, llegar a esta conclusión no era tan sencillo a finales de los años veinte, cuando los nazis comenzaron a tomar posiciones en Alemania, y ni siquiera en los años treinta, cuando las SA y las SS desfilaban por las ciudades con sus antorchas, los carteles prohibían la entrada en los establecimientos para los judíos y Hitler, ya como canciller, organizaba mítines populistas llenos de fanáticas y demenciales propuestas.
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