Hacía seis años que Daniel Sánchez Arévalo -uno de los nombres propios más destacados del cine español desde que ganase el Goya a Mejor director novel con Azul oscuro casi negro-, no estrenaba un largometraje. Pero eso no significa en absoluto que haya estado inactivo.
El realizador consiguió convertirse en finalista del Premio Planeta en 2015 con La isla de Alice. Acto seguido rodó un cortometraje que adaptaba un pasaje de dicha novela: Queimafobia -Espiga de oro al Mejor cortometraje en el Festival de Valladolid-. Y más tarde hizo dos cortos publicitarios para Gas Natural Fenosa, otro para la Fundación Infantil Ronald McDonald, otro para Danone, otro para Vodafone, y hasta uno para Campofrío -sí, el polémico La tienda del LOL-.
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