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De los aranceles al 'bazuca': la guerra comercial de Trump pone a prueba la unidad de la UE

De los aranceles al

Francia, Italia o Irlanda, que son algunos de los países que se verán más afectados por los aranceles, han puesto pegas o alzado la voz contra la estrategia de Bruselas. Von der Leyen asegura que tiene un "plan sólido" para responder a Trump y no descarta nada, incluso la herramienta anti-coerción que contempla la restricción de las importaciones o la exclusión de licitaciones públicas está sobre la mesa

Von der Leyen “calibra” la respuesta a los 'aranceles recíprocos' de Trump: “Todos los instrumentos están sobre la mesa”

Hace algo menos de tres meses que Donald Trump volvió a la Casa Blanca y ha puesto el mundo patas arriba inaugurando un nuevo (des)orden mundial. En lo geopolítico, dio un golpe en la mesa al iniciar unas conversaciones con Vladímir Putin al margen de sus aliados de la OTAN –y de Ucrania–, soliviantó a los europeos con sus ansias imperialistas y anticipó su desconexión de la seguridad euroatlántica que ha estado vigente en los últimos 80 años. Y, este miércoles, en lo que ha denominado el 'Día de la liberación', como si la primera potencia mundial estuviera subyugada, amenaza con una guerra comercial inédita.

La política errática y caótica de Trump genera incertidumbre, tanto en los mercados como en el resto del mundo, especialmente los '15 sucios', los estados que aguardan un recrudecimiento de la guerra comercial más allá de las tasas que ha ido anunciando, como el 25% al acero y el aluminio o el 25% a los vehículos. Uno de los damnificados es la Unión Europea, el bloque político y comercial de los 27 países a los que Trump ha puesto en la diana. En su equipo los consideran “patéticos” y “gorrones”.

A la UE le pilló por sorpresa hace ocho años la volatilidad del hombre más poderoso del mundo, pero ahora el bloque comunitario tiene una mayor preparación. Más allá del golpe económico que supondrían las tasas generalizadas y los 'aranceles recíprocos' con los que Trump se revuelve contra medidas como el IVA, que grava a todos los consumidores por igual, el gran desafío que tiene la UE es mantener la unidad en la respuesta. Y esa es la apelación que desde los primeros conatos hacen las capitales europeas.

El temor a las represalias

Pero no va a ser fácil. Las costuras ya se están viendo con la primera respuesta que preparó la Comisión Europea a la primera tanda de aranceles al aluminio y el acero. Bruselas abogó por reintroducir de manera automática el 1 de abril las tasas que entraron en vigor en 2018 ante el primer envite de Trump. Entre los productos afectados estaban los vaqueros Levi's, las motos Harley-Davidson, el whisky de Bourbon, productos cosméticos, agrícolas o incluso embarcaciones por un valor de 8.000 millones. Para llegar a los 26.000 millones que se estima que alcanzarían las medidas de Washington, el gobierno comunitario planteó un listado que se implementaría unos días después.

Sin embargo, la amenaza de Trump de imponer un gravamen del 200% al vino, el champán y las bebidas alcohólicas procedentes de los 27 abrió una grieta “¿Se han cometido errores? Sí, probablemente, porque el bourbon de Kentucky se ha incluido como si fuera una amenaza comercial”, cuestionó el primer ministro francés, François Bayrou, que consideró errónea la selección de la Comisión Europea: “Reutilizó una lista muy antigua sin reinterpretarla, como debería haber hecho”.

A partir de ahí, la Comisión Europea puso en standby la entrada en vigor de los aranceles hasta el 12 de abril con la intención de imponer todo el paquete al mismo tiempo y dar así margen a la negociación, sobre todo dentro del bloque comunitario, pero también con EEUU a donde se trasladaron la semana pasada el comisario de Comercio, Maros Sefcovic, y el jefe de gabinete de Ursula von der Leyen, Bjöern Seibert, que asumieron que un hipotético acuerdo está muy lejos.

Ante la escalada de la amenaza, la primera ministra italiana, Giorgia Meloni, reclamó un enfoque “razonable” en la respuesta. “Por supuesto que hay diferencias sobre la mesa en cuanto a los aranceles, pero precisamente por eso creo que no debemos actuar por impulso, sino de forma razonada”, expresó este fin de semana. La líder ultraderechista de Fratelli d'Italia se encuentra en una situación complicada porque es una de las aliadas de Trump en Europa, junto con el húngaro Viktor Orbán, pero su relación no está dando frutos por el momento y los sectores atacados por EEUU, como el vitivinícola y el automovilístico, son especialmente relevantes para la economía de ese país.

Los empresarios del vino calculan que han perdido 100 millones de euros a la semana desde que Trump amenazó con gravar las bebidas alcohólicas europeas dado que los importadores han cancelado los pedidos preventivamente. En España también preocupa especialmente ese sector dado que es el segundo producto agroalimentario que más se exporta a ese país (por detrás del aceite de oliva). Las importaciones de vino español ascendieron a 391 millones de euros, siendo el cuarto proveedor en términos económicos. Aún así, España no sería de los países más perjudicados dado que la balanza comercial es negativa (importa más de lo que exporta) y, por ejemplo, en el caso de la automoción el daño sería prácticamente nulo (en 2024 no se vendió ningún vehículo a ese país). El sector manufacturero sí ha detectado una caída de los pedidos por segundo mes consecutivo.

Pero la situación es diferente en Alemania, por ejemplo, que se prepara para un duro golpe en una de sus principales industrias, que se encuentra ya en horas bajas. También Irlanda ha advertido de que será uno de los más dañados y ha pedido a la Comisión Europea una respuesta “estratégica”. Las instituciones de ese país vaticinan una caída del crecimiento de su economía, que depende en buena medida de EEUU, con quien tiene un superávit comercial de 70.000 millones. Los aranceles a los fármacos le harán especial daño por la gran presencia de farmacéuticas gracias a sus ventajas fiscales y se cierne el temor por que tome medidas respecto a los servicios digitales para intentar recuperar a las 'Big tech' implantadas en ese país.

Un “plan sólido” con varias aristas

Con ese escenario que tiene en vilo a la UE y con el temor de un estancamiento económico, la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, aseguró que tiene un “plan sólido” para responder a Trump. “Europa tiene muchas cartas: desde el comercio a la tecnología, pasando por el tamaño de nuestro mercado. Pero esta fuerza también se basa en nuestra disposición a tomar firmes contramedidas”, señaló la alemana en el Parlamento Europeo la víspera de que el presidente estadounidense anuncie sus medidas.

“Todos los instrumentos están sobre la mesa”, avisó Von der Leyen. Entre las herramientas de las que dispone la UE para hacer frente a la guerra desatada por Trump está el Instrumento Anti-Coerción, que no se ha utilizado nunca pero que se diseñó precisamente a raíz del primer mandato del líder republicano para hacer frente a este tipo de chantajes comerciales. Conocido como 'bazuca' por las repercusiones de su activación, lo que persigue es castigar a aquellas potencias que utilicen el daño comercial para intentar influir en la política comunitaria. Así, los defensores de activar esa herramienta la señalan en caso de que los aranceles de Trump se justifiquen en medidas como el IVA o pretendan responder a la legislación digital europea que pone coto a las grandes plataformas, como X o Meta.

Entre las medidas que se pueden poner en marcha con el 'bazuca' están el aumento de los derechos de aduana, la restricción de las importaciones o exportaciones, la exclusión de participar en licitaciones públicas o la suspensión de obligaciones internacionales en sectores como el de la propiedad intelectual, los seguros, la banca, etc.

Cautela: opciones más allá de represalias

La apelación que hacen las capitales, que también reconoce la Comisión Europea, y sobre todo los empresarios es la necesidad de fortalecer al bloque comunitario desde dentro más que tomar represalias que van a pasar factura a los dos lados del Atlántico. “La UE necesita salvaguardar sus intereses económicos y mejorar su resiliencia mediante una ambiciosa agenda de diversificación del mercado”, señalan desde la patronal Business Europe. “En un tiempo de tanta incertidumbre geopolítica, la UE necesita urgentemente reforzar su economía y competitividad para protegerse del chantaje económico”, apunta el director general Markus J. Beyrer.

En cuanto a la diversificación, la UE está tratando de buscar alianzas con otros países, como India, Sudáfrica, Mexico, Tailandia o el los estados del Mercosur. Esta misma semana, Von der Leyen y el presidente del Consejo Europeo, Antònio Costa, viajarán a Samarkand (Uzbequistán) para la primera cumbre UE-Asia Central. También los esfuerzos se están centrando en recomponer las relaciones con China.

Entre las armas que tiene la UE para enfrentar la guerra comercial, está la depreciación del euro a través de la política monetaria del BCE, que tendría que tener margen de maniobra para bajar los tipos de interés en los próximos meses. Con un euro más bajo que el dólar, los productos y servicios europeos se abaratarían automáticamente compensando el efecto de los aranceles estadounidenses y se reduciría la competitividad de las exportaciones de ese país.

Otra opción serían los impuestos a las multinacionales y ricos estadounidenses. Una respuesta que tampoco genera inflación, y que viene siendo liderada por economistas y organizaciones que defienden una mayor justicia fiscal global, y que están a favor de fijar unos mínimos obligatorios de impuestos coordinados a nivel mundial a las grandes empresas y a los multimillonarios, tal y como publicó elDiario.es.

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