Megaproyectos de infraestructuras, hubs tecnológicos, complejos turísticos, ciudades futuristas o, incluso, las ínfulas geoestratégicas y de lavada de imagen de atracción de deportistas de élite del fútbol o el golf podrían caer en saco roto por la merma recaudatoria de un barril de petróleo en torno a los 70 dólares. Riad, pese a la diversificación de su economía, sigue siendo dependiente del crudo
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No es oro negro todo lo que desluce […] en el proceso modernizador que su príncipe heredero, el todopoderoso Mohamed bin Salman (MbS).
La lista de iniciativas para diversificar la estructura productiva saudí y reducir su elevado grado de dependencia de sus ingresos petrolíferos se ha puso en marcha en 2016, cuando MbS se arrogó la idea de transformar la economía. El planteamiento ha calado en el subconsciente colectivo saudí, que ha aceptado su desafío estratégico, aunque, en realidad no haya permeado en una sociedad anclada en el ultraortodoxo credo wahabí, que sigue lejos de asumir principios de libertad y democracia interna.
El andamiaje modernizador del heredero de la Casa Saúd se ha forjado con billonarios recursos. Esencialmente, de su Public Investment Fund, que en 2024 si situó al borde del billón de dólares (925.000 millones, según datos oficiales) y que se alimenta constantemente de los flujos de caja de Aramco, la petrolera estatal y la mayor empresa mundial por ingresos en varios de los últimos ejercicios. Aunque también de un capital privado que ha campado a sus anchas por el mercado saudí, al calor de unos megaproyectos que tocan casi todos los sectores productivos y que han sido agasajados por Riad para recalar en su territorio.
Con señuelos de todo tipo. Incluso para dar pábulo a ilusiones convertidas en realidades como la puesta en marcha de un campeonato de golf alternativo a la PGA americana, la captación de primeros espadas del fútbol internacional o la organización de la Copa del Mundo de Fútbol en 2034, que tendrá dos antecedentes de cierta exigencia de gestión como los Juegos Asiáticos de Invierno de 2029 o una Expo Universal en 2030.
La captación de capital en manos de MbS parecía un manantial sin fondo. Hasta que el petróleo ha dado síntomas de debilidad. El barril de crudo, que se las prometía felices en 2022 después del estallido de la guerra en Ucrania, la escalada de precios energéticos y la espiral inflacionista del siguiente bienio -todos ellos, factores abonados a una cotización del oro negro cercana a los tres dígitos- ha perdido la senda alcista que presagiaba el mercado. Hasta tal punto de que Riad ha mostrado grietas profundas en un presupuesto que sigue estando a expensas de la bonanza de su gran fuente de recursos y que está poniendo en riesgo la diversificación de la Visión 2030.
El barril barato lesiona a Aramco y al fondo soberanoEl abaratamiento del petróleo, que no ha acabado de recuperar su hegemonía energética pese a la alta convulsión geopolítica derivada de los conflictos de Ucrania o Gaza y de la irrupción de la Administración Trump y su beligerante revisión arancelaria con repercusión global, ha elevado la tensión sobre los megaproyectos saudíes. Son tiempos de recortes productivos para tratar de espolear el valor del crudo y de estrategias confusas para alcanzar este perenne objetivo de las autoridades saudíes porque en los últimos dos años, esta táctica, dirigida por Riad desde el seno de la OPEP + no ha tenido el éxito de sus épocas doradas del pasado.
Wael Mahdi, uno de los analistas con más experiencia en la interpretación del cártel petrolífero que maneja a sus anchas Riad, vincula el reto futuro de la Visión Saudí 2030 a un nuevo impulso del crudo en los mercados internacionales. “La transformación económica es un hecho, porque la aportación de las rúbricas ajenas al oro negro supera la mitad del PIB saudí”, valorado en 1,13 billones de dólares, a precios actuales, por el FMI. Pero las arcas de Riad están atenazadas por el descenso de sus ingresos recurrentes, los del petróleo, y la acumulación de deuda, que podría deteriorar la confianza inversora en las reformas estructurales y en una disciplina fiscal, en riesgo de saltar por los aires si la economía, como parece, entra en un punto de ebullición con el actual desequilibrio entre ingresos y gastos.
De hecho, esa comunión de intereses entre MbS y el sector privado empieza a resquebrajarse. El consenso analítico se decanta por unas necesidades de ajuste fiscal superior al 3,7% que Riad ha situado como objetivo oficial para 2025 con un precio del barril en torno a los 70 dólares, 10 por debajo de la cota que ayudaría a corregir el desequilibrio presupuestario. Por si fuera poco, el desequilibrio de las cuentas saudíes se ensancharía todavía más con la pérdida del 30% de los dividendos que Aramco aporta a las arcas estatales, alrededor de 40.000 millones de dólares, lo que obligará, según Agbia (Arabian Gulf Business Insight, medio del Golfo Pérsico especializado en Finanzas) al Gobierno y al fondo soberano FPI a elevar el endeudamiento para poder financiar infraestructuras y otros mega-proyectos de la Visión 2030 del reino.
La petrolera saudí augura unos dividendos de 84.500 millones para este año frente a los 124.000 que declaró en 2024.
Agujero presupuestario con escalada de deuda“Una caída más pronunciada y sostenida del crudo requeriría una mayor contracción del gasto público para frenar la magnitud del déficit y la acumulación de deuda pública”, asegura Monica Malik, economista jefe del Banco Comercial de Abu Dabi. “Probablemente también se produzcan nuevos ajustes y reajustes en los planes de inversión extrapresupuestarios”, precisaba hace unas fechas a Financial Times.
Riad anunció a finales del 2024 que planeaba gastar 342.000 millones de dólares y unos ingresos proyectados de 315 000 millones de dólares este año, lo que pronostica un déficit de casi 26.000 millones de dólares. Arabia Saudí se ha convertido en el mayor emisor de deuda de los mercados emergentes este ejercicio debido a las necesidades de financiación de los proyectos de la Visión 2030, explica Bashar Al Natoor, jefe global de Finanzas Islámicas en Fitch Ratings. Ya en 2024 fue la economía de la órbita BRICS + -club al que no ha entregado oficialmente su plácet de entrada, pero forma parte de su entramado común- con un volumen de emisión de bonos más notable a excepción de China.
En los tres primeros meses de este año, Riad ha engordado “con fuerza” su cartera de bonos de tal manera que podría rebasar a este ritmo el medio billón de dólares antes de que finalice 2025, explica Natoor.
El FMI viene recomendando desde hace meses a Riad que ponga en marcha un impuesto sobre la propiedad y otro sobre la renta personal, sacando a relucir su lado más keynesiano, pero las autoridades saudíes afirmaron que no estaban considerando cambiar el régimen fiscal. A pesar de que el momento de tomar cartas en este asunto es crucial, como lo demuestra la elevación de la calificación crediticia de S&P por primera vez en dos años, hasta el nivel A+, aunque a costa de que “emprenda reformas para cuadrar sus finanzas públicas”.
De otra manera, “rebajaríamos la nota de nuevo”. En especial, “si se produjera una combinación de incremento de proyectos de inversión financiados con deuda, junto a una desaceleración del crecimiento, mayores costes crediticios o fluctuaciones a la baja en el precio del crudo”, avisan sus expertos que alertan de que, pese a que la ratio deuda es relativamente baja -del 29,7% del PIB- y sus reservas internacionales ascienden a 430.000 millones de dólares y recuerdan que tan solo en 2022, con el barril en los 90 dólares Riad pudo mejorar su posición fiscal después de un largo lustro, previo a la Gran Pandemia, de agujeros presupuestarios por el elevado coste de la guerra en Yemen, que Riad patrocinó para contener a la guerrilla hutí, abanderada por Irán, su enemigo musulmán irreconciliable en la región.
Las consultoras dejan de obtener cheques en blancoOtro termómetro que ayuda a entender el drástico viraje del clima económico y crediticio en la gran potencia del Pérsico es la desbandada en el negocio de la consultoría. Ya no parecen tener el cheque en blanco con cargo a MbS. Las firmas del sector, con las Big Four -Deloitte, KPMG, EY y PwC-, McKinsey y Boston Consulting Group (BCG) a la cabeza de un negocio que, en 2023, logró una cifra de ingresos de 3.200 millones de dólares en el mercado saudí -un repunte interanual del 18,2%- han dejado de campar a sus anchas.
Después de un trienio de constante asesoramiento al príncipe heredero en la captación de flujos de inversión foráneos y en la elaboración de pliegos de contratación para sus millonarios planes de convertir a Arabia Saudí en un destacado huésped de hubs tecnológicos, logísticos, portuarios y de datos para espolear la Inteligencia Artificial (IA) mundial.
Así lo cree Dane Albertelli, analista de firmas consultoras en Source Global Research, para quien sus expertos “tendrán a partir de ahora que demostrar su valía”, porque los “días de vino y rosas han terminado para ellos en Arabia Saudí”. Algunas de estas multinacionales (BCG) mantienen un millar de empleados en este petro-estado.
En paralelo, la compleja conversión de Arabia Saudí como agente externo del nuevo orden global que trata de instaurar Donald Trump, al convertirse en anfitrión de Rusia y EEUU en unas opacas conversaciones de alto el fuego en Ucrania, su sorprendente acercamiento a Israel, que levanta ampollas en el seno de la Liga Árabe, ha generado tensión geopolítica y, por supuesto, inversora. MbS está detrás de este incomprensible giro diplomático de Riad, según no pocos observadores internacionales. Lina Khatib, investigadora sobre Oriente Próximo en Chatham House, reconoce que, con esta maniobra, Riad pretende ganar influencia exterior, pero, al mismo tiempo, asume un rol complejo a la hora de lidiar con sus intereses en el club BRICS + o en la OPEP +.
Egipto y Jordania han movido ficha para plantear alternativas en Gaza a la táctica pro-hebrea de Trump que, por supuesto, tampoco coincide con la “agenda propia de MbS”, aclara la analista del Washington Institute, Anna Borshchevskaya, que confía en que “su transversalidad” reporte beneficios diplomáticos a Riad.