El despecho evoluciona. Lo sabemos todas, y más después de escuchar a Shakira. Sus canciones de los 90 eran perfectas para acompañar cualquier buen síndrome premenstrual post ruptura que se preciara, pero Shakira se ha hecho mayor, nosotras también, y lo que nos servía con 18 ya no es lo que necesitamos ahora.
Primero, un apunte: cansa, y es seguramente contraproducente, buscar en cada producción cultural la perfecta armonía feminista. Pasamos el pañito del feminismo a cada canción, cada libro, cada videoclip como si fuéramos a encontrar ahí la verdad revelada o como si nosotras tuviéramos la fórmula definitiva.