Uno de los aforismos de Jean-Luc Godard dice que para hacer una película solo se necesita una mujer y un arma. A veces, incluso el arma resulta prescindible y solo hace falta una mujer siendo perseguida. ¿Por qué? Porque la historia del cine muestra un buen número de géneros y tradiciones narrativas que han hecho un uso insistente de las historias sobre mujeres acosadas.
Las diferentes versiones y variaciones de Luz de gas, de sus acosos y manipulaciones, se convirtieron en una cierta tradición fílmica. La hitchcockiana Sospecha o Luz que agoniza eran obras de suspense donde la posesión de una habitación propia, o de una casa propia, no aseguraba la seguridad de las protagonistas.
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