Vivimos un momento en el que los creadores se miran al ombligo en ejercicios ególatras y falocentristas. La muestra evidente se encuentra en el cine. Paolo Sorrentino, Alejandro González Iñárritu, Alfonso Cuarón, Kenneth Brannagh, Steven Spielberg… todos han decidido que había que ponerse en el centro del relato. Todos lo hacen aireando su riesgo. Dejando claro que esa es su historia pasada por su tamiz artístico, por su mirada. Todos, sin embargo, escogen un momento concreto, un trauma determinado como excusa para demostrar que son los mejores creadores.
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